Una cama con su cuadro de virgen
virgen en cuerpo roja
con su día en una preñez
y la hamaca perdida
callada la mesita de antojos
los carnales ojos y aquellos luceros
a tres cuadros
uno debajo y otros encima gimiendo
por la vieja madera a crepitar de trémula sombras;
ese viento de secano
encalando el blanco
¡qué profunda la piel ocre!
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