El culmen de la libertad de mercado llevo aparejado la aparición del socialismo y, posteriormente, el comunismo. Ambos sistemas se aplicarón de forma diferente sobre el sistema existente. El comunismo pretendio hacer desaparecer el capitalismo con un mercado centralizado y estatalizado, la dictadura del proletariado, y fracasó. El socialismo busco una formula de consenso. Aceptar el capitalismo, pero con factores de correción. Así introdujo su gran revolución, su mecanismo de correción, la intervención del Estado. Este intervino para compensar las diferencias sociales y dejo un mensaje implícito, el mercado, las empresas son interesantes si consiguen dos factores: generar riqueza real, y en segundo lugar, redistribuir esta riqueza a través de una adecuada politica de rentas o salarial.
La riqueza real es la que se genera por encima de unos costes decentes. Contiene el concepto de trabajo decente. Aquella riqueza que sólo se consigue retribuyendo la mano de obra en términos de subsistencia, supone que este beneficio sólo se mantiene sustrayendo las plusvalias correspondientes al trabajador. Es el trabjado indecente. Es la empresa irrelevante, que jamás interesa al socialismo real, y que debe desaparecer. La empresa debe generar una riqueza no buscada, ni pretendida, en la explotación hasta la extenuación de las posibilidades de los trabajadores.
Y esta riqueza debe repartirse de forma que no sólo vaya al apartado de capital, sino también a una política de rentas, considerada no sólo como apartado de costes salariales, sino como derecho del ciudadano. El mercado capitalista debe generar una sociedad, globalmente considerada, con unos niveles de riqueza interesantes y aceptables por la misma.
En caso contrario, el sistema capitalista debe superarse y buscar otra alternativa económica, ya corregida o bien totalmente nueva.
Para el socialismo la libertad de mercado no es una ley natural, sino cambiante y modificable. Atiende a un medio, generar riqueza, pero también a un fin, la distribución de esta a la sociedad.
Y esto se esta comenzando a cuestionar. El capitalismo ha entrado en una guerra sin cuartel. La causa, la distribución de la riqueza. Esto lo cuestiona. Esta defendiendo que la única forma de salir de la crísis es acumulando capital, todo para el capital. La adecuada política de rentas es un problema e impide salir de la crísis. Una gran mentira que se aprecia día a día, en que las políticas de acumulación de capital no obtienen ningún resultado.
Los Gobiernos, incluidos de izquierdas parecen aceptar estas premisas. Las políticas salariales son un problema, no una forma de reparto de la riqueza. Esta se acumula y ni siquiera se compromete a reutilizarse y reinvertirse. Se trata de la acumulación temerosa de unos pocos. Ellos defienden su seguridad frente a la necesidad de toda la sociedad. Ni se genera riqueza, ni se redistribuye.
Cabe preguntarse si estamos ante el último coletazo del capitalismo, que pretende superar el factor de corrección que en su dia puso el socialismo. Sin embargo, para el socialismo ideológico, sin el pragmatismo de los partidos, quizas ha llegado el momento de superar el actual modelo económico. El capitalismo no responde, quizás pueda hacerlo frente a esta crisis financiera, pero resulta dudoso que lo haga frente a la crisis alimentaria, a la creciente escasez de recursos básicos y los graves problemas medioambientales que cuestionan la supervivencia básica de muchos pueblos no opulentos.
Cabe preguntarse si el socialismo original también debe superarse. Si su revolución consistente en domar y hacer socialmente interesante el capitalismo para el conjunto de la sociedad sigue siendo valido, o debemos buscar nuevas vías, incluso nuevos sistemas económicos, adaptados a unas realidades que nos esforzamos en ocultar.