Rayana tierra
de dura piedra
jara y esparto.
Corre el Ebro
floreciendo almendros
humedeciendo olivos
bebiendo vides.
Su agua es sangre
árida y yerma
del Bajo Aragón
mezclada con humores
de hombres que miran de frente
hablan poco,
maldicen la tierra
que metida llevan dentro.
Recuerdan algunos
la sangre mezclada de barro y juncos
que del Ebro hizo cruel batalla
mártir de su sino,
entre Mequinenza y Amposta
cayó la sangre, la sangre rota.
Cada gota bebió
gritó cada roja gota
y maldijo hombre a hombre
cada gemido y lamento
que rompió su vientre,
bayoneta tras bayoneta
dolor y dolor.
Ojos que cedían su vida
lagrimas saladas en
agua dulce,
hubo tantas
que ese día el Ebro se hizo Mar,
Mar de Aragón,
moribundo de salmuera
sangre y tierra.
Tantos lloraron
imploraron, gesto postrero,
un pesar por el hijo de sangre
por la hembra que reza tu vida
y cada mañana suplica un beso de barbecho.
Tantos rezaron de santos
tantos lloraron de espanto
que el Río, el Río Ebro
ese día pidió morir
morir gritando,
pero murió..., llorando.
Aragón todo
de impávidas mujeres,
duras y calladas,
ese día sus entrañas gritaron
¡oh, aguas malditas!
liberar las marchitas ánimas
muertas, tan muertas,
que dejaron sarro de sangre, lodo y barro.
¡Dejadnos abrir las aguas!
resucitar abolengos y estirpes
aguas claras sin cicatrices,
parir aguas libres con piedras blancas
sin inquinas, rencores, ni ojerizas.
Nació Aragón, resurgió el Río Ebro.
con aguas que vuelven a regar
las lindes, las entrañas del Pilar.
Autor. Luis Ezquerra Escudero.