domingo, 27 de diciembre de 2020

Más es turbación

 

Cuando usada en exceso nunca pasajero

ya sea de entrada o bien al postre

y diseminada cae tras la roja turbación

dícese de su nombre paja y a resultas pajillero.

 

Y si en trato con mujer

resulta escondida en su malabar de dedo y mano

¡qué gozosa paja!

Y si acaso manjar de labios

nunca de ella diríase pajera, sino dulce confitera.

 

Y turbado el hambriento varón

por ese momento llegado del apaño

ese manosear que entre la pija y por el baño

es acontecer de frote de proa a mascarón

dicho, sale un lance y resta un mascarón.

 

Es uso nunca moderado al esmero

pues desabrochada la voraz medida

el grosor, la turgencia del sobe,

se solivianta a este desmán y vista una raja

a falda del todo escasa desnuda brota crecida.

Y llegando de ella la mano a tal instrumento

transido el sexual adorno

descocados los dedos triscan con reiterado denuedo

y este florete, esta espada, este alfanje morado

desflorado por esta ama que resbala

es pecado que asoma cuando ella lo tensa y lo dilata.

 

Y alcanzado el bochorno, el sofoco,

acaece el engorro

la lúbrica semilla que siembra el desvanecido entorno

blanqueando ese instante preñado de éxtasis

ignorado el Averno recrea el húmedo Apoteosis.

 

Poemario: Íntimos y tocamientos. Letrame Editorial

Luis Ezquerra
















 

miércoles, 23 de diciembre de 2020


ÁRBOL DE NAVIDAD…

 

¿Acaso del hoy es el infortunio del árbol luciente

sus luces difusas

estampa de otrora mejores,

donde de lo bueno viejo a lo mejor de año nuevo

concurría esa escasa distancia

ese sentir a bonito deseo?

 

¿Acaso en el infortunio de hoy no luce

aquello de lo que somos,

la mano estrechada

los labios conspiradores,

aquello que fue regalo del mío

tanto como del nuestro?

¿Acaso este árbol no brilla

el discurrir de tus ojos

y ciñe la sonrisa de ahora?

"Hay luciérnagas de siempre"

refulgente aquella estrella en el cenit

fuertes tus manos de antaño

y mi mano en la cima de ahora.

El árbol ilusionante, ya hecho

que ora hacemos, y los nuestros, mañana,

mariposas con mil fantasías del niño que arrastramos

la evocación del tal vez

aquella palabra, la pequeña sílaba, un roce

el fraternal beso.

 

¿Acaso el infortunio de hoy es el árbol luciente?


En este silencio, padre, madre, hermano

emerge este luminoso tan guardado dentro

y por el abeto calla mi pregunta…

y tan en silencio, tan quedo…

surge de lo que somos…, el recuerdo.