viernes, 23 de diciembre de 2011

Gran Crísis. Grandes Remedios.

Estamos ante una gran crisis. Nadie lo duda a estas alturas. El problema son las medidas a utilizar. Una parte de la población viene proponiendo una revisión de toda la estructura del Estado que la clase política no quiere estudiar. No vamos a realizar comentarios sobre los motivos de esta clase para no asumir esta opción, pues dicha clase no se permite siquiera considerar esta posibilidad de forma seria. Pero, yo propongo una profunda restructuración de nuestra actual estructura del Estado:


1.- Supresión  del Senado.
2.- Supresión de las Diputaciones.
3.- Supresión de CCAA Uniprovinciales.
4.- Supresión de las instituciones del Defensor de Pueblo de las diversas CCAA.
5.- Revisión profunda del actual Defensor del Pueblo. Control de la clase política. Exigencia de responsabilidad política. Elección directa.
6.- Elecciones electorales del Estado, CCAA y Administraciones Locales unificadas. Excepcionalmente se puede producir en diversas fechas.
7.- Retribuciones de todos los cargos políticos, sin excepción, por Ley de acompañamiento a las LPE. Normativa que regule los supuestos y cuantías de las dietas, gastos, indemnizaciones y suplidos, o similares. 
8.- Revisión Constitucional de la importancia y papel que juega la economía en nuestro modelo de sociedad, revisando el modelo económico en términos de corrección o superación.
9.- Revisión Constitucional de la Jefatura del Estado.
10.- Revisión de todos los organismos creados por las diversas Administraciones en atención a criterios de necesidad real, coordinación o superposición con otros servicios, y eficacia real y cierta, cumpliendo con los objetivos y fines que tienen asignados.

En un momento en que se pide al ciudadano que sea flexible y admita los sacrificios que le toca hacer, no resulta aceptable esto no sea predicable de todo el Estado. En la actual situación todo es revisable y cuestionable, y la estructura del Estado es una de ellas. No caben gastos que no se ven, ni su necesidad, ni su eficacia, menos sus resultados.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Todos a una como en Fuenteovejuna. La gran mentira.

El otro día un experto en RRHH indicaba la importancia de trabajar en grupo, así como ir todos en una misma dirección. Y sacó el tema de la crisis a colación, como ejemplo de que en este tema faltaría que todos remáramos en una misma dirección para salir de la misma. Buen planteamiento, pero desde el ciudadano normal, necesariamente político, me planteo:

No es que las formas y modos de afrontar la crisis sean no sólo diferentes, sino que afectarán de forma diferente a unos y otros. Dependiendo del quién, cómo y cuando, se incidirá más en unos ciudadanos que en otros, se afectará a unos derechos y no a otros, e incidirá en situaciones actualmente sostenibles o insostenibles, valorara o ignorara dramas personales o familiares.

Nuestra clase política, nuestra economía, esta plutocracia que desde la sombra nos recuerda constantemente que ellos son la política y que, en todo caso, esta no puede pasar sin ellos. Estos nos deben convencer de que las medidas a tomar están pensadas para el bien común, el interés general, nos deben convencer que han tenido en cuenta al ciudadano, a todos ellos, desde el más débil hasta el más fuerte. Y, por último, nos deben convencer de que cuando salgamos de esta crisis todos saldremos con los mismos beneficios y perjuicios, sin que nos encontremos con grandes favorecidos o aprovechados de la crisis y grandes perdedores.

Y sobre todo nos deben convencer de su ética en la forma de proceder. La ética parte de la palabra, pero se consolida con el ejemplo. Es difícil compartir la idea de que la clase política da ejemplo en esta política de austeridad, no ya por su tibieza ante la corrupción de su propia clase, sino por actitudes y aptitudes defensoras de su situación y status económico, sus conductas no son claras y evidentes. Parece que no les queda más remedio que hacer algunos gestos a la galería, pero no hay lideraje en la austeridad, no nos inspira a la ciudadanía, no nos lo hace sentir. Y que decir, de esa clase económica alta que cada día nos da muestra de su egoísmo salvador, o quizás de su individualismo salvador, reflejada en frase que todos sabemos aplicar "sálvese quien pueda", y cabe añadir "como pueda". Al margen de nuestra plutocracia que se ha convertido en la gran llorona de la situación: todos lo han hecho mal con ella, las Administraciones, los Sindicatos, los trabajadores, el mundo. Y exige que se hagan profundas reformas en una sola dirección, que les arreglemos la vida a ellos, a sus empresas, y a lo mejor, sólo a lo mejor, esto nos sacará de la crisis. Los dramas de las personas, de los ciudadanos, familias quedan en lugar secundario, la realidad, su realidad, es la única y la que salvará nuestro mundo. Atrás quedan sus responsabilidades en esta crisis, hay que olvidarlas, atrás la grandes generaciones de riquezas mal repartidas, caso de la construcción, atrás la asunción por el Estado de grandes pérdidas económicas generadas por esta plutocracia en una injustificable socialización de las mismas.

Y en este panorama ético, se nos pide al ciudadano que seamos solidarios con un interés que no se acaba de ver que sea el general, que seamos flexibles en aceptar rebajar nuestro status económico, personal y familiar, que aceptemos menos sanidad, menos educación, y que además paguemos una parte de todo ello que antes no pagamos. Nos piden que rememos en la misma dirección. Y nosotros como ciudadano, nos preguntamos ¿en que dirección?. La de los políticos y semi-altezas corruptos, la de políticos que no quieren revisar las estructura del Estado para reducir gastos que afectan a su clase, ni siquiera sus asientos de primera clase en avión, la de altos ejecutivos con indemnizaciones millonarias o con planes de pensiones de igual cuantía, la de unas empresas que deslocalizan plantillas en España para crear estos puestos en otros países más baratos, u aquellas otras que están sacando pingües beneficios de la crisis.

¿De verdad, de verdad, nuestros políticos piensan que han sido capaces de generar una cultura ética semejante a la de Fuenteovejuna, de todos a una, bajo un mismo esfuerzo de todos y para todos?. Si piensan esto o son muy lerdos o ciegos, la cultura que nos vienen ofreciendo no es otra que la de "sálvese quien pueda y como se pueda".

Un pueblo sin un lideraje ético claro y preciso, de pies a cabeza, no conseguirá  casi nada. Hará más dolorosa la crisis, el reparto de su peso, y no todos saldremos igual de la misma.

Así que ahí estamos...